El consumo de alimentos ultraprocesados vuelve a estar en el centro del debate. Un estudio publicado en JAMA Oncology sugiere que podría existir una relación entre estos productos y el aumento de cáncer de colon en adultos jóvenes.
En Estados Unidos, los ultraprocesados representan cerca del 70% de la oferta alimentaria. El trabajo siguió durante 24 años a 29.100 enfermeras y observó que quienes consumían más ultraprocesados tenían un riesgo mayor que quienes seguían una dieta basada en alimentos frescos.
Los ultraprocesados y sus riesgos
Los ultraprocesados incluyen refrescos, comida rápida, snacks, embutidos y cereales azucarados. Suelen contener azúcares, grasas saturadas y numerosos aditivos. A menudo tienen poco valor nutricional.
Algunos investigadores sospechan que ciertos aditivos, como emulsionantes o edulcorantes, pueden alterar el microbioma intestinal. Esta alteración podría afectar la salud del colon. Aunque la asociación es clara, los científicos piden más estudios para confirmar una relación causal. Las recomendaciones siguen siendo las habituales: más fibra, frutas, verduras y alimentos frescos.
La preocupación por los ultraprocesados no se limita al cáncer de colon. Una revisión publicada en The Lancet, realizada por 43 expertos y basada en 104 estudios, señala que estos productos se asocian con un mayor riesgo de 12 enfermedades. Entre ellas figuran diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, daños renales, depresión y muerte prematura. Los autores advierten de que la dieta global está cambiando. Los alimentos frescos están siendo sustituidos por productos baratos y muy procesados.
Los expertos advierten
Los expertos piden medidas más firmes. Proponen advertencias en los envases y mayores impuestos para financiar el acceso a alimentos nutritivos. Otros científicos, sin embargo, insisten en que la evidencia no es definitiva. Recuerdan que las asociaciones observadas no prueban causalidad. También critican el sistema de clasificación Nova, porque considera ultraprocesados alimentos que pueden ser saludables, como panes integrales, yogures bajos en grasa o ciertos cereales.
A falta de ensayos clínicos concluyentes, las recomendaciones oficiales siguen centradas en lo básico: aumentar la ingesta de frutas, verduras y fibra, y reducir azúcar, sal y grasas. Mientras continúa el debate, la evidencia apunta a una idea simple: cuanta más presencia tengan los alimentos frescos en la dieta, menor será el riesgo asociado al consumo habitual de productos ultraprocesados.
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