Belén encendió este sábado su árbol de Navidad por primera vez desde 2022. El acto tuvo lugar en la Plaza del Pesebre, frente a la Basílica de la Natividad. Llega tras dos años marcados por la guerra en Gaza y las restricciones en Cisjordania, que llevaron a cancelar todas las celebraciones públicas.
Cristianos y musulmanes llegados de distintos puntos de Cisjordania y de Israel acudieron pese a la lluvia. También asistieron sacerdotes y monjas destinados en Tierra Santa. Para muchos, fue el primer gesto colectivo de normalidad en mucho tiempo.
Una celebración contenida
El acto comenzó con el himno nacional palestino. Después, se guardó un minuto de silencio por los muertos en Gaza, donde la ofensiva israelí ha dejado más de 70.100 fallecidos desde octubre de 2023.
Las celebraciones duraron dos horas. No hubo bailes ni música festiva. Solo himnos y oraciones por la paz.
La corresponsal de Al Jazeera en Belén, Nour Odeh, destacó que la plaza no se llenaba así desde hacía años. Asistieron familias, autoridades locales y personas llegadas de distintos puntos del territorio ocupado. Aun así, el tono fue sobrio y muy distinto al de años anteriores.
Para muchos cristianos, el acto tuvo un fuerte valor simbólico. Pierre Demarole, un dominico francés que estudia en Jerusalén, lo definió como “todo un acontecimiento”. Subrayó que la Navidad recuerda el nacimiento del “príncipe de la paz”.
Una economía paralizada
Belén atraviesa una grave crisis económica. La ciudad dependía en gran parte del turismo. Las restricciones israelíes y la guerra han provocado el cierre de comercios, restaurantes y hoteles.
Según la Cámara de Comercio de Belén, el desempleo alcanza el 34 %. Más del 40 % de la población vive bajo el umbral de la pobreza. El turismo ha caído un 90 % respecto a hace dos años. La ciudad ha perdido alrededor de 1,5 millones de dólares diarios durante este periodo.
Esperanza limitada
Belén mantiene una larga temporada navideña. El calendario incluye el 25 de diciembre, el 6 y 7 de enero, y concluye el 20 de enero, cuando se retira el árbol. Este año, el encendido se vive como un gesto de esperanza. También como un mensaje al exterior.
La celebración busca dar un respiro tras la guerra y recordar al mundo que Belén sigue abierta. El objetivo es atraer visitantes y reactivar una economía asfixiada.
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