El U.S. Department of State anunció oficialmente que el anteriormente llamado Instituto de Paz de Estados Unidos (USIP) cambia su nombre a Donald J. Trump Institute of Peace. La decisión fue acompañada de un comunicado en redes sociales que reza: “Bienvenidos al Instituto de Paz Donald J. Trump. Lo mejor está por venir”.
El anuncio se produce justo antes de la ceremonia de firma de un acuerdo de paz entre la República Democrática del Congo y Ruanda, un acto diplomático promovido por la administración Trump. La Casa Blanca justificó el cambio argumentando que Trump es “el mayor negociador en la historia de la nación” y que renombrar la institución honra sus supuestos logros en política internacional.
Sin embargo, la medida ha generado polémica. El instituto había sido creado en 1984 durante la presidencia del Ronald Reagan, con el objetivo de servir como organismo independiente, sin fines de lucro, financiado por el Congreso, dedicado a la prevención y resolución de conflictos internacionales.
Este mismo año, la administración de Trump había ordenado su desmantelamiento: se despidió a la mayoría del personal, se removió a su liderazgo y se intentó eliminar su financiamiento. En ese contexto, muchos analistas y exfuncionarios consideran irónico —y hasta contradictorio— renombrar una institución de paz que previamente fue prácticamente clausurada.
Para algunos defensores del USIP, la maniobra representa “una burla institucional”: el cambio de nombre subraya una postura simbólica en una institución cuya misión original —investigación, diplomacia y prevención de conflictos— parece haber sido socavada.
Por otro lado, la administración sostiene que la transformación refleja una nueva era de diplomacia bajo su liderazgo, presentando al exmandatario como un pacificador global con la ambición de posicionarse como un actor clave en la resolución de conflictos.
Así, lo que fue una institución técnica e independiente ahora se convierte en una marca con fuerte carga política, lo que plantea dudas sobre su credibilidad, su autonomía y su futuro como centro de paz mundial.
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