El John F. Kennedy Center for the Performing Arts, uno de los recintos culturales más importantes de Estados Unidos y símbolo artístico de Washington D.C., se encuentra en el centro de la polémica tras ser rebautizado como el “Trump-Kennedy Center”. La decisión fue tomada por la junta directiva del centro, integrada mayoritariamente por miembros nombrados por el expresidente Donald Trump, quien además funge como chairman del organismo.
De acuerdo con los dirigentes, la votación para añadir el apellido Trump al nombre oficial del centro fue unánime. Desde la Casa Blanca, el cambio fue defendido como un reconocimiento al “trabajo increíble” del exmandatario para rescatar financieramente y renovar la institución cultural, que enfrenta retos presupuestarios desde hace varios años.
Sin embargo, la decisión ha provocado una fuerte controversia legal y política. El nombre original del recinto fue establecido por ley federal como memorial permanente en honor al expresidente John F. Kennedy, lo que ha llevado a expertos legales y opositores a señalar que solo el Congreso tiene la autoridad para modificar oficialmente su denominación.
Las críticas también han llegado desde la propia familia Kennedy. Figuras como Joe Kennedy III y Jack Schlossberg han rechazado públicamente el cambio, subrayando que el centro fue concebido como un homenaje nacional y no como un espacio sujeto a intereses políticos o personales.
La polémica se intensificó cuando la congresista Joyce Beatty, miembro ex officio de la junta, aseguró que la votación no fue realmente unánime y denunció haber sido silenciada al intentar expresar su oposición durante el proceso.
El rebautizo ha sido interpretado por sectores demócratas, figuras culturales y analistas como un acto de politización de una institución cultural histórica, tradicionalmente asociada al arte, la pluralidad y la neutralidad política.
A pesar del anuncio y del uso del nuevo nombre en comunicaciones y materiales institucionales, el nombre legal vigente del recinto sigue siendo John F. Kennedy Center for the Performing Arts, al menos hasta que el Congreso estadounidense decida si avala o rechaza formalmente el cambio.
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