Tras casi 25 años de negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea firmaron el 17 de enero un acuerdo que crea la mayor zona de libre comercio del mundo. El pacto fue suscrito en Asunción, en el mismo recinto donde nació el Mercosur en 1991, y abarca a un mercado de 720 millones de personas.
El acuerdo involucra a bloques que representan cerca del 25% del PIB mundial. Ahora deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y ratificado por los congresos de los países del Mercosur.
El presidente argentino, Javier Milei, lo calificó como “el mayor logro del Mercosur desde su creación” y afirmó que su país seguirá buscando alianzas con Estados Unidos, Japón y Emiratos Árabes Unidos. Desde Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva sostuvo que el pacto es “la respuesta del multilateralismo al aislamiento”. Ursula von der Leyen destacó su dimensión política y económica.
Comercio, resistencias y asimetrías
El acuerdo prevé la eliminación gradual del 90% de los aranceles en un plazo de 15 años. En 2024, el intercambio comercial entre ambos bloques alcanzó los US$128.830 millones. El 77% de las exportaciones agropecuarias del Mercosur hacia la UE quedará libre de aranceles en diez años, aunque se mantendrán cuotas para productos sensibles como carne, azúcar o arroz.
A cambio, el Mercosur abrirá su mercado a bienes industriales europeos. Incluye automóviles, maquinaria, productos químicos y farmacéuticos. Algunos aranceles, como los de vehículos, hoy de hasta 35%, se eliminarán de forma progresiva.
La oposición se concentra en Europa. Agricultores y ganaderos de países como Francia, Polonia e Irlanda temen competencia desleal por diferencias en costos laborales, ambientales y normas sanitarias. Las protestas previas a la firma reflejaron el peso político del sector agropecuario en esos países.
Desde una perspectiva económica, analistas advierten sobre la asimetría del acuerdo. Sudamérica exporta principalmente materias primas y alimentos, mientras que Europa vende bienes industriales de mayor valor añadido. Un estudio de la Fundación Getulio Vargas estima que el impacto en el PIB del Mercosur será limitado, entre 0,3% y 0,5% a largo plazo.
Impacto geopolítico
En América del Sur, la percepción del acuerdo ha cambiado. El énfasis ya no está solo en el comercio, sino en la geopolítica. Para varios gobiernos, el pacto es una forma de ganar previsibilidad y reducir la dependencia tanto de Estados Unidos como de China.
El endurecimiento de la política comercial estadounidense bajo Donald Trump, el aumento de aranceles y las amenazas de intervención en la región aceleraron el cierre del acuerdo. Analistas señalan que el intervencionismo de Washington influyó en la decisión de anclar el vínculo con la UE.
Para países como Brasil, el acuerdo funciona como una póliza de seguro estratégica. Refuerza su peso internacional y le permite integrarse mejor en las cadenas globales de valor. También abre la puerta a una mayor cooperación en minerales críticos. Brasil y otros países del Mercosur concentran reservas relevantes de litio, grafito y níquel, claves para baterías, semiconductores y tecnologías energéticas.
Desde la óptica europea, el pacto busca diversificar suministros y reducir la dependencia de China. Para Estados Unidos, en cambio, supone una UE más presente en Sudamérica y un bloque regional con mayor margen de maniobra. No implica una ruptura con Washington, pero sí una alternativa en un contexto de creciente rivalidad entre potencias.
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