En los últimos meses ha circulado en redes sociales y medios alternativos la idea de que el ejército canadiense se prepara para una posible invasión estadounidense, una narrativa que parece tomar cuerpo en contextos de tensión geopolítica entre Ottawa y Washington. Aunque no existe confirmación oficial de planes de invasión por parte de EE. UU., sí se observa un creciente debate sobre la política de defensa y la posición estratégica de Canadá respecto a su poderoso vecino.
Durante décadas, Canadá y Estados Unidos han mantenido una de las relaciones bilaterales más estrechas del mundo, con cooperación en comercio, seguridad fronteriza, defensa conjunta bajo el marco de la OTAN y misiones de paz internacionales. Aun así, tensiones intermitentes por temas como comercio, energía y soberanía han llevado a algunos sectores de opinión a especular sobre escenarios hipotéticos de conflicto, especialmente en contextos de política polarizada o declaraciones beligerantes de líderes extranjeros.
Videos y análisis compartidos en plataformas como YouTube sugieren que Ottawa ha intensificado ejercicios militares, busca alianzas estratégicas con países como miembros de la Unión Europea, y ha aumentado su gasto en defensa para proteger su soberanía frente a amenazas externas. Estos contenidos suelen presentar una visión alarmista de las relaciones entre ambos países y extrapolan medidas defensivas rutinarias a supuestas “preparaciones para invasión”.
No obstante, expertos en política internacional recuerdan que Canadá no ha anunciado oficialmente ningún plan para enfrentarse militarmente a Estados Unidos, ni existen documentos públicos que respalden la idea de una próxima confrontación bélica. Las escuelas militares canadienses siguen formando bajo manuales y alianzas convencionales, y Ottawa ha reiterado su compromiso con la OTAN y la diplomacia multilateral como pilares de su política exterior.
El contexto global de reconfiguraciones estratégicas, como el auge de China, la guerra en Ucrania y tensiones en el Ártico por recursos naturales y rutas marítimas, sí ha impulsado a Canadá a reforzar su presencia militar en el norte y coordinar con aliados europeos para proteger intereses comunes.
Mientras tanto, analistas advierten sobre los riesgos de desinformación en torno al tema: contenido especulativo puede transformarse en narrativas de miedo que distorsionan la realidad y tensan innecesariamente las relaciones. La colaboración entre Canadá y Estados Unidos sigue siendo sólida, aunque enfrenta desafíos contemporáneos que requieren diálogo y confianza mutua.
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