Seis semanas después del alto el fuego impulsado por Donald Trump, Tailandia y Camboya han retomado los combates. Los choques comenzaron durante la noche y se intensificaron al amanecer. Al menos un soldado tailandés y cuatro civiles camboyanos han muerto. Ambos gobiernos se acusan mutuamente de haber iniciado el fuego.
Escalada militar y ruptura del alto el fuego
Tailandia lanzó ataques aéreos con cazas F-16 contra posiciones camboyanas. Su ejército sostiene que Camboya movilizó armamento pesado, recolocó unidades de combate y utilizó drones y cohetes para atacar bases y zonas civiles. El jefe del Estado Mayor tailandés afirma que el objetivo es “debilitar la capacidad militar camboyana a largo plazo”.
Phnom Penh rechaza las acusaciones. Su Ministerio de Defensa asegura que no respondió a los disparos y denuncia ataques “inhumanos y brutales”. Tres civiles camboyanos han resultado gravemente heridos y varias aldeas han sido evacuadas.
El primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, descarta cualquier negociación. Afirma que el país hará “todo lo necesario” para proteger su integridad territorial y que las conversaciones ya “no funcionan”. Exige que Camboya acepte las condiciones impuestas por Bangkok para detener la lucha.
Hun Sen, exlíder camboyano e influyente figura política, acusa a Tailandia de buscar una respuesta armada y pide moderación a las tropas.
Un proceso de paz debilitado
El enfrentamiento evidencia la fragilidad del acuerdo alcanzado tras los combates de julio, que dejaron 48 muertos y 300.000 desplazados. Trump intervino entonces con presiones diplomáticas para forzar un alto el fuego. En octubre, ambos países firmaron un pacto más amplio supervisado por la ASEAN.
El acuerdo empezó a erosionarse en noviembre. Tailandia suspendió su implementación tras la explosión de una mina que amputó el pie de un soldado y que atribuyó a Camboya. Phnom Penh lo negó. Desde entonces, las acusaciones de provocaciones y disparos han vuelto a multiplicarse.
Desplazamientos masivos y temores regionales
La reanudación de la violencia ha obligado a evacuar a grandes poblaciones a ambos lados de la frontera. Tailandia ha desplazado a más de 385.000 civiles en cinco provincias. En Camboya, miles de familias han sido trasladadas a zonas seguras.
Testigos describen artillería pesada, bombardeos y columnas de humo tras los ataques aéreos. En la zona se escuchan impactos “muy claros”, según un residente tailandés.
La comunidad internacional expresa preocupación. Malasia y Japón piden moderación. El secretario general de la ONU insta a evitar una escalada y ofrece apoyo para restaurar la estabilidad. El primer ministro malasio advierte de que la situación amenaza con deshacer los esfuerzos diplomáticos recientes.
Contexto histórico
Ambos países arrastran disputas territoriales desde hace más de un siglo. La falta de una demarcación clara en varios tramos de la frontera y los desacuerdos sobre templos antiguos han provocado numerosos enfrentamientos. El más grave antes del actual ocurrió en 2011 y dejó 17 muertos.

